Mi vida es un desastre. Creo que no podría empezar este texto de una manera mejor que con esa frase.
Los adolescentes somos raros. Buscamos lo que realmente no necesitamos, lo queremos por una razón egoísta: el hecho de sentir que alguien se muere por vos te genera una corona psicológica que nadie puede reclamarte. Buscamos cariño donde no hay, lo generamos, mentimos, siempre mentimos, y lastimamos a nuestros contemporáneos.
Cuando te conocí no me gustaste. Solo eras un contacto de Facebook más, de esos que ni siquiera sabes porque y desde cuando los tenes agregados, que tratan de empezar una conversación con un "Hola"
Una semana después empece a notar como las cosas cambiaban, como mis propósitos con vos eran diferentes a los del principio, y como me gustaría que continuara nuestra historia.
Nos apresuramos mucho. No nos dimos tiempo y nos obligamos a sentir cosas que no existían. Cosas que inventamos.
Cualquier persona que nos haya mirado desde afuera puede asegurar que teníamos una relación perfecta. Solo nosotros dos sabíamos que no era así, que nuestro cuentito de hadas era exactamente eso, era una historia basada en mentiras. Mentiras que duelen y atrapan, pero enamoran en fin.
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